✏ Capitulo N°36
sábado, 24 de julio de 2010 @ 12:53
| Berni |
Revisé cada detalle de mi imagen antes de poner un pie fuera del auto. Todo perfecto. Abrí la puerta y mil luces saltaron cegando mi mirada. Reaccioné aferrando mi mano al brazo de Valeria, ella intercambió miradas conmigo, y caminamos a paso rápido hacia la puerta. Malditos paparazzis.
No alcanzamos a poner un pie y ya estaba Joe saludando a Valeria con un abrazo, y seguido de esto corrieron adentro a saludar a las demás personas. Intenté buscar con mi mirada a Nick, pero no era lo suficientemente alta como para verlo dentro de tanto tumulto de gente. Seguí avanzando y me era casi imposible caminar con tanta gente al rededor en un espacio tan reducido. Di unos pasos más y lo vi, parado al lado de Joe y Valeria, despistado.
— ¡Nick! –vociferé. Se dio vuelta, me observó de pies a cabeza, me lancé a sus brazos y besé su mejilla
—No te había visto en todo el día, te extrañé –me dijo abrazando mi cintura para aferrarme a él, y observando en detalle el vestido morado que él me regaló hace un par de días
—Yo también –murmuré dulcemente, y luego lo besé. Sentí como si el mundo desapareciera lentamente, hasta que un carraspeo interrumpió la magia.
—Nicholas, no te veo hace más de dos semanas y ni me ves –dijo Miley, robando la atención de Nick por un rato
Mientras Nick y Miley hablaban de sus cosas, me limité a observar el ambiente, y allí en una esquina, estaba Selena, sola y quieta mirando hacia acá. Agarré con más fuerza la mano de Nick, y noté en su mirada que esperaba el momento preciso para venir y causar más problemas. La odio.
Nick murmuró algo, me sonrió y se fue caminando hacia las escaleras.
— ¿A dónde fue? –le pregunté a Miley
—A cambiarse –dijo entre risas, y luego desapareció de un instante a otro
Lo sabía. Selena caminó, mas bien, trotó, hacia Nick en las escaleras, y le dijo algunas cosas que no logré escuchar por el intenso sonido de la fiesta, por supuesto. Fuck, subieron juntos, yo...
— ¡Berni! Qué bueno que te encuentro, estaba preguntando por ti –dijo un compañero del colegio, tratando de coquetear conmigo
—Ah, hola Dylan
— ¿Y dónde está tu novio? ¿Ya te dejó? Eso pensé –insinuó malicioso. Lo odio, lo odio, lo odio
— ¿Qué? No, sólo está arriba cambiándose, no seas paranoico
—Ah entiendo ¿infiel, no? –dijo enarcando ambas cejas y tomando un vaso cualquiera de la bandeja de un mesero
—Dylan, ¡cállate! Él jamás haría eso. Déjame tranquila –hablé histérica y me perdí entre la gente para buscar a Valeria
Pasó cuánto... ¿media hora? De la que disfrutaba en la fiesta de Sofía con mucha gente muy agradable, pero aún estaba preocupada por Nick, él aún no bajaba. No es que sea de las chicas extremadamente celosas, pero me preocupa. Me preocupan sus problemas con Sofía y Selena, principalmente. Tengo miedo de que algún día me deje porque aún ama a Sofía, o simplemente me engañe con Selena. Me pone nerviosa tenerlo presente todo el día todos los días, y es así, no puedo evitar no desconfiar de él, no puedo.
Y en algún momento tenía que pasar. Nick y Selena bajando prácticamente juntos en la escalera, pero con cierta distancia.
— ¿Qué onda Nick con Selena? –le pregunté a Valeria
—Ni idea. Por qué, ¿celosa? –me molestó, y yo solo respondí con una sonrisa tímida
— ¿Tú no?
— ¿Yo? ¡Por qué yo tendría que estar celosa! –apunté con mi dedo hacia afuera, y Joe y Sofía saliendo con caria seria- ¿quieres que vaya a ver qué pasa? –le ofrecí. Ella me sonrió y me abrazó
—Gracias, te adoro
Me reí sola mientras caminaba hacia el patio. No puedo creer las cosas que hago por ella, por Dios, es como un impulso.
Me he sentido muy apagada en esta fiesta, desconfiada, sólo no la he pasado bien. Quiero averiguar estoy y volver a casa. Necesito pensar, desahogarme, y a la vez distraerme un poco de este asunto. No puedo dejar de pensar paranoicamente, pero a la vez sólo quiero confiar en lo que Nick dice.
—...Joseph no pololea –lo oí decir a lo lejos, ¿están hablando de Valeria?
—No me mires así porque tú eres la que aún no le confiesa a Nick que aún lo ama –se me pusieron los pelos de punta, la piel de gallina y por reacción, mis ojos húmedos y cristalinos. Es que es exactamente como yo pensé que sería
— ¿Qué? –fue lo único que mi limitado aliento me dejó decir, antes de que estallara en llanto